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Las perseidas no son una

Lluvia de estrellas

Cada año, desde finales de julio hasta mediados de agosto, el cielo se ilumina con la lluvia de estrellas de las perseidas. Según la NASA, en las jornadas de más actividad se pueden observar entre 50 y 100 estrellas fugaces por hora. Los días de más actividad varían según el año, pero las condiciones para ver mejor este espectáculo astronómico siempre son las mismas: Busca un lugar con poca contaminación lumínica, un cielo despejado y prepara un buen asiento para mirar el firmamento entre las 12 de la noche y las seis de la mañana. Cuenta con que la mayor actividad se dará entre las 4 y las 5 de la madrugada. ¿Ya estás listo para ver estrellas fugaces?

Claro que las perseidas no son estrellas fugaces. De hecho, las estrellas fugaces no son estrellas. Lo que comúnmente se llama estrella fugaz no es más que un pequeña roca desintegrándose en la atmósfera terrestre.

Estos objetos suelen provenir de cometas, cuya estructura es gélida, y que, al adentrarse en el caluroso sistema solar, comienzan a derretirse. Las partículas rocosas atrapadas en la capa de hielo superficial quedan libres y se forma una estela de restos que persigue al cometa.

Cuando la tierra, que viaja a 107 mil kilómetros por hora, atraviesa estas órbitas repletas de pedacitos de cometa, los pequeños meteoroides se adentran en nuestra atmósfera a gran velocidad. El calor del rozamiento del aire es tan grande, que arden en el cielo creando una magnífica pero breve estela brillante. Y, cuando se descubre una de estas partículas desintegrándose, es el momento de pedir un deseo.

Pasar todas las noches mirando al cielo para pedir tu deseo, requiere mucho tiempo libre y un cuello a prueba de tortícolis. Por eso recomendamos guardar los deseos para cuando la tierra vaya a cruzar la órbita de algún cometa.

Las Perséidas o Lágrimas de San Lorenzo es un acontecimiento astronómico anual que copa los informativos y las retinas de aficionados y curiosos. Existen otras “lluvias de estrellas” a lo largo del año, pero ésta es la más reconocida. Quizá lo sea por darse en los meses de julio y agosto, cuando los cielos están más despejados y los horarios de los trabajadores en vacaciones, también.

En 1862, Lewis Swift y Horece Tuttle descubrieron el cometa 109P/Swift-Tuttle. Este cometa es el culpable de que podamos observar sus pequeños fragmentos desintegrarse cuando cruzamos anualmente su órbita. Es un cometa muy grande, se estima que casi el doble que el que acabó con los dinosaurios. Tiene 26 kilómetros de diámetro.

Cada año, desde finales de julio hasta mediados de agosto, la Tierra atraviesa una nube de polvo desprendida por el citado cometa cuando se acerca al Sol. Los meteoroides de las Perseidas golpean nuestra atmósfera a 210.000 kilómetros por hora, produciendo ese característico espectáculo de luz que atrae la mirada de miles de curiosos de todo el mundo.

La gran mayoría de partículas desprendidas por el Swift-Tuttle tienen apenas el tamaño de un grano de azúcar. Cuando son más grandes se les llama bólidos. Al impactar contra la atmósfera terrestre, aumentan su temperatura hasta unos 5 mil grados centígrados en una fracción de segundo. Esto provoca que se desintegren a una altura de unos 90 kilómetros.

ZEUS DISFRAZADO DE LLUVIA DORADA

Durante muchos siglos se creyó que las perseidas era una lluvia de estrellas que provenían de la constelación de Perseo, de ahí su nombre. Ahora sabemos que no es así, pero eso no acaba con la magia que el ser humano ha sentido durante siglos descifrando las estrellas.

Cuenta la leyenda griega que el todopoderoso Zeus no tuvo mejor idea que transformarse en lluvia dorada para colarse en la habitación de la ninfa Dánae y, así, engendrar a Perseo, el de la constelación 😉 . Es decir, algunos dirán que este acontecimiento estelar, al que apodan lluvia de estrellas, no sería otra cosa que Zeus asumiendo la forma de una lluvia dorada. Esperemos que no fuese como la de Alaska en la película de Pedro Almodóvar.

PLUMAS DE URRACA

La cultura china es un poco más elegante que la griega y fantaseaba con que las Perséidas son plumas de urracas que caen a la tierra en forma de estrellas. Pero no de unas pocas urracas cualquiera, no; de todas las urracas del mundo que se congregan una vez al año por orden de la Diosa del Cielo para formar un puente y que su hija, el hada Zhinü, se reúna con su marido, el humano Niulang.

Lo curioso de todo esto es que fue la propia Diosa del Cielo la que creo la Vía Láctea para separar al matrimonio, pues estaban tan embelesados con su enamoramiento que habían descuidado sus tareas.

Este mito, el Qi-Xi, se celebra una de las primeras noches de agosto. No es la misma fecha en nuestro calendario todos los años. Conociendo el idilio de Zhinü y Niulang, no es extraño que lo apoden el día chino del amor. También lo traducen como la noche de los sietes o la festividad del doble siete puesto que corresponde al séptimo día del séptimo mes en el calendario chino.

San Lorenzo, obra de Bartolomé Esteban Murillo.

Las lágrimas de San Lorenzo

Según los cristianos, lo que cae del cielo también son flujos aunque, en esta ocasión, serían las lágrimas de un santo español. Lorenzo de Roma fue nombrado por el papa Sixto tesorero de la Iglesia. Cuando el emperador Valeriano, ferviente enemigo del cristianismo, le ordenó entregar todas las riquezas de la iglesia, el diácono Lorenzo se presentó ante él con lo que, según San Lorenzo, eran los verdaderos tesoros de congregación: una legión de pobres y enfermos que él mismo reunió.

A Valeriano no le sentó muy bien la lección moral y mandó torturar y ejecutar al deslenguado personaje histórico. Tan deslenguado, que cuentan que mientras lo quemaban en la hoguera, dijo “Assum est, inqüit, versa et manduca”, que vendría a ser, traducciones literales del latín a parte, un “Ya estoy hecho. Pueden darme la vuelta”.

La ejecución fue el 10 de agosto de 258 d.C. y relata la leyenda que los resplandores celestes de todos los 10 de agosto y alrededores, son las lágrimas del patrón de los cocineros, San Lorenzo.

En definitiva, son muchos los que han fantaseado con las perseidas. Muchos los que las han observado anonadados en las noches de verano. Muchos los que han rogado a los astros fugaces por sus aspiraciones.

Las mejores noches para ver las perseidas varían de año en año, pero suelen rondar el 12 de agosto. Si quieres verlas, lo mejor es irse a algún lugar con poca contaminación lumínica y un cielo muy despejado.

Os Prados da Albela puede que no sea el mejor observatorio astronómico del mundo, pero tiene muy buenas vistas de este acontecimiento estelar para pasar una estupenda velada con amigos mirando al cielo y pensando qué pedir cuando veas el próximo resto del Swift-Tuttle desintegrándose.

Fotografía de portada de Michał Mancewicz en Unsplash.